"El progreso de un artista es un continuo autosacrificio, una continua extinción de la personalidad". T. S. Eliot

viernes, 28 de septiembre de 2012

La brevedad intensa del artista puro

"Ser artista es no tomar en serio al hombre tan serio que somos cuando no somos artistas"
La deshumanización del arte
José Ortega y Gasset

El artista puro sería aquél que logra aislarse y replegarse sobre sí mismo, sobre su yo poético. Aquél que logra anular y rehuir la realidad externa, las necesidades vulgares y primitivas, biológicas y sociales, que interfieren injustamente en su arte. El artista puro es quien se ríe del hombre serio que también es, con sus obligaciones y sus laberínticas ataduras. El artista puro es absolutamente libre, no vive atado a una cuchara, no le incomodan la falta de leche en la nevera ni las facturas amontonadas en el cajón de su escritorio (porque no tiene escritorio, no lo necesita).
   Existe el artista puro en la forma efímera del desligado -radicalmente desarraigado. Puede existir el artista puro, quizá tres, cinco semanas, antes de que su conciencia creativa y su libertado yo poético se desvanezcan en la borrosa flojera de la inanición. Revolcándose en la utópica inmortalidad de la mariposa.
   

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Bibliografía recomendada


VILA, JOSÉ: MOCEDADES Y NECEDADES DE JAVIER MENDETA, Madrid, Editorial Chimeneas Áureas, Edición y prólogo de Marco Otálora, 2004.






Fuera de catálogo. In aeternum.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Circo XXI

Los que van a vivir te saludan. Porque no podrás con ellos, Dios helado, que pendes de tu castillo con el abdomen de una abeja hinchada, con tus patas resquebrajadas soportando ese cuerpo de peonza vieja, apolillada, con tu fe de broker y tu nobleza venida a menos. No podrás con ellos desde tan lejos, desde la Nada. No tendrás voz, Dios helado, sobre aquellos sordos que sólo leen tu pasado: viejas fábulas que ya no significan porque nadie quiere leer un final aciago. No podrás con ellos porque no suenas en la radio y tu señal no llega a las nuevas almas, ésas vacías que no pueden ser ni dianas de tus antiguos miedos. No podrás con ellos, que van a vivir, y te saludan.

Adiós silencio. A Dios silencio.

miércoles, 29 de agosto de 2012

"Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad".
La Náusea, Jean Paul Sartre

Demasiados libros. Demasiadas lenguas. Demasiada gente. Demasiados lugares. Demasiados secretos. Poca vida y demasiada vida. Poco tiempo. Demasiadas letras y pocos ojos. Demasiados ojos y pocos verdes. 

martes, 28 de agosto de 2012

La tibieza

Una parte de mi ve pasar, difuminadas, anchas lenguas de tierra que corren a ambos lados de la carretera, mientras el ruido del motor queda amortiguado por la espesura del calor amarillo.  La otra parte de mi -la parte sucia o la más limpia, quién sabe, según el ojo del que mira y el concepto  más felino de la higiene- contempla tu piel que ha nacido para ser lamida. Hay campos de calor ahí fuera; como un mar amarillento cuyas olas rompiesen contra el tronco de una encina vencida, aislada. Y tu piel que siempre es blanca, que apenas conoce el sol, está tostada. Te estoy oliendo con los ojos y huele a miel y a humo, una dulzura que raspa y que quema. El vestido negro, elástico y vulgar, marca la caída de tus hombros de formas suaves. Son los tirantes finos y el escote bajo, apuntado. La tela se relaja sobre los pechos medianos y redondos, dejando desnudos los límites del sol: dos medias lunas blancas pálidas brillantes. La porción de unos senos que todavía evoca la pureza del cuerpo primitivo.
   La falda del vestido se arruga entre tus nalgas llenas, apretadas, y la tela áspera del asiento; unos pliegues inconscientemente remangados en la parte alta de los muslos, no muy juntos, ligeramente separadas las piernas, casi desnudas. El volumen de la carne marcado por la luz del sol que se curva, se vierte hacia el interior. El ámbar claro de la piel, el vello rubio que desaparece sobre las rodillas. La tibieza. Mi mano suelta el volante y se posa sobre una pierna, el interior de tu muslo, los dedos que aprietan y se hunden en la tibieza. La tibieza de todo.
   Veo media cascada castaña sobre tu espalda, hermosos cabellos ondulados húmedos de sudor. El ojo verdoso y el lacrimal rosado. La piel blanca del rostro que aún resiste. La nariz recta y afilada. Los pómulos firmes que me miran. El perfil de tu boca entreabierta y roja, de saliva y carne, el dibujo inclinado de tus labios. El cuello largo y claro, la cintura muy estrecha y el vestido muy negro. De nuevo los muslos y el vello rubio. De nuevo tu piel que ha nacido para ser lamida. La tibieza de todo...


jueves, 28 de junio de 2012

domingo, 24 de junio de 2012

Simbiosis

Un alfabeto distinto al de la melancolía [enséñame]. Un sol de barro y agua para que lo tengas todo [te enseñaré]. Que me arañen las gotas de sudor [no dejes], refugio [dame]. La sal y el aire y la calma que necesitas [te daré]. A ser una parte, el suspiro después del miedo, el silencio después del ruido [enséñame]. Para que no vivas como una flor jamás cultivada [              ].