"El progreso de un artista es un continuo autosacrificio, una continua extinción de la personalidad". T. S. Eliot

jueves, 9 de mayo de 2013

Si sólo saludas tocando el ala de tu sombrero y usas de reverencias distantes, jamás descubrirás que somos tristes carnosos hologramas.

miércoles, 10 de abril de 2013

Imposibilidad de conciliar el sueño

Qué hermoso hubiese sido llamarlo "Insomnio". Qué fácil, también. Cuántas repeticiones se desprenden de la palabra insomnio, cuántas horas de tápate los ojos con el brazo, de date la vuelta, de aprieta fuerte la almohada. Qué buen título y que lástima, como siempre, no ser el primero: "Insomnio". Qué trampa tan llamativa la de algunas palabras que son siempre títulos, nunca subtítulos o pies de página. Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. Uno duda y duda y duda y pone: "Insomnio". Y luego qué. Una palabra que ya no es palabra ni cosa ni sentido en sí misma, sino título, puro título. Dices insomnio y sabe a poesía, a poesía torturada, como dices Gloria y Pecado y Esperanza y sabe a. Qué hermoso hubiese sido llamarlo "Insomnio", si aún fuese palabra y no etiqueta. Qué fácil hubiese sido titularlo "Insomnio", y qué hermoso hubiese sido escribir un cuento. 

martes, 19 de febrero de 2013

Carta al tiempo


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Un fuerte abrazo pegajoso y adherido.
y hasta pronto si sei pronto hasta el momento del olvido. Te firmo Ahora en esta carta de cuento, en esta esfera de hueso, vísceras, carne, piel y pelo, siempre hacia dentro nadando cóncavo, nadando salmón río roca y salto. No más flechas de dirección en el camino, no más aceras que diseccionen lo vivido. Guarda la epístola que se viste por los pies, andando sobre sus manos en un charco de agua y [    ]. No me despido si te saludo como es debido, desnudando esta carta tranquila

Ayer querido, 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Y como son los magos que solo son que solo son que solo son los magos ilusiones de humo blanco


sábado, 1 de diciembre de 2012

Lamentos de una bala


Odio estos juegos, estas apuestas; las sinrazones hastiadas. Odio la indiferencia que abruma a los de mi casta. Pasamos el tiempo gastándonos bromas absurdas, hablando del trabajo y disfrazando con chistes las miserias de esta vida que en realidad nos angustian. Criticamos a nuestras mujeres, a nuestros jefes, con un tono jocoso que vela el verdadero asco. Todo es frivolidad, todo son timbas y alcohol, y pasar el tiempo gris alrededor de una mesa sin creer de verdad que algo pueda cambiar. Conversamos de todo sin saber de nada. Nos quejamos, nos lamemos las heridas en grupo como perros viejos, con una baraja y un par de botellas, con unos dados y algo de fumar. Odio esta mierda y, sin embargo, me quejo como todos los días alrededor de una mesa. Sin actuar, esperando a que un día me toque a mí entrar en la recámara, solo, escuchar a mis espaldas las risitas cómplices y humillantes, los murmullos que bromean sin misericordia, sentir en la nuca el sudor frío mientras ellos se divierten viéndome temblar. La vibración suave del percutor tensándose. Pensaré entonces si cuando el tambor deje de girar seré yo quien oiga el pitido ensordecedor, quien destroce el cráneo de algún infeliz cuya vida carezca de sentido y sólo pierda su tiempo blasfemando y bebiendo y apostando alrededor de una mesa, sin creer de verdad que algo pueda cambiar.  

martes, 13 de noviembre de 2012