"El progreso de un artista es un continuo autosacrificio, una continua extinción de la personalidad". T. S. Eliot

sábado, 28 de marzo de 2015

Intento de manifiesto del Negativo #1

Para empezar, el arte del Negativo no puede acabar en -ismo.

Me dijo: aquí hace falta un movimiento, un nuevo grupo, aún más nuevo, otra corriente. Tenemos que unirnos. ¿Cómo que unirnos? Sí, tú y yo. Tenemos que unirnos y formar un movimiento. He pensado en los Escritores del Negativo, o mejor, en la Poética del Negativo. ¿Cómo del negativo? No tiene sentido, será de la negación, o de la negatividad... o, en todo caso, de lo negativo. No, no, del negativo, como la película de las cámaras convencionales. No lo entiendo, no tiene sentido. Claro que tiene sentido, claro que lo entiendes, ¿verdad que sí? No, contesté.

Yo sabía perfectamente que para él nada de esto tenía sentido. Él sabía que yo lo había entendido perfectamente.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pussy Time 2

Estoy pensando en ese caramelito de leche merengada que evoca al mismo tiempo a tu abuela y a esa quinceañera con mallas que vive en el piso de abajo. Aliento de leche merengada, o de café, o de vino picado pero qué más da. Vino es y en vino te convertirás, así que bebe. No quiero leche, mamá, no me gusta la leche. Tampoco el merengue. Sólo quiero masticar azúcar, caña de azúcar, masticar la caña áspera y hueca y seca como un insecto dulzón. Una caña sin azúcar pero con alcohol, por favor. Una caña doble y cortada, con un poco de leche. En la 2 hablaron de un macho y de su lechaza humeante que cubre la prole de su desovadora demersal. No quiero cortarme, mamá, no me gusta cortarme. Cuando sea mayor quiero leche sola con mallas. Cuando sea aún más pequeño quiero beber el vino en que nos convertiremos. Esa quinceañera que vive en el piso de abajo, que seguro será pelágica para que pueda dispersarme en su columna de agua, ese pensando humeante, ese estoy de caramelito de leche de merengada.

The Comparison (1992), Jan Saudek

viernes, 20 de marzo de 2015

Diálogo con la escupidora de libros

Feria del Libro:  
   -¿Tiene algo de Kafka?
   -No.
   -¿Y de mascotas?
   -Tampoco, lo siento.
Eso lo dicen porque ahora han aprendido. La primera vez dijeron que sí y la vieja manoseó los libros y les escupió. Todos tenían algo de Kafka. Y el que no, tenía algo de mascotas.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Manifiesto posible, probable, precario, temporal y provisional de la postmodernidad, o de cómo aprender a vivir en subjuntivo

No estoy seguro (aunque, por otra parte, nunca estoy seguro de nada), pero creo que es algo generacional. Mi padre todavía habla de que La cultura limita nuestra creatividad, de que El sistema nos obliga a seguir un camino predeterminado, de que La autoridad nos infunde miedos injustificados, de que Los medios de comunicación nos engañan, de que El poder nos explota, de que Los bancos se aprovechan de los más débiles, de que La educación constriñe al estudiante, de que La pedagogía castra las posibilidades del niño, de que Ellos nos quitan la alegría. Mi madre se queja de que El estado nos reprime, de que La publicidad moldea nuestros hábitos, y mi abuela, por su parte, aún dice que La televisión lo anuncia o que Los médicos lo recomiendan, que en Las noticias han dicho tal cosa o que en El periódico dicen tal otra. Ellos, de alguna manera, no sienten la humedad densa y el olor penetrante de un todo fangoso que se expande desde dentro como una enfermedad terminal que no duele, que no avisa. No sienten la tirantez agria de la cicatriz que nos une y que trata de desgarrarse en vano antes de que el barco se hunda. No estoy seguro (aunque, por otra parte, nunca estoy seguro de nada), pero creo que es algo generacional. Mi padre, como quizá también mi madre y mi abuela, como Steiner, dirá: nos venden ruido, mientras que yo, seguramente (aunque, por otra parte, nunca estoy seguro de nada), diré: compramos ruido.
Una niña se pasea por la orilla del río tirando pan a los patos. Lo hace con rabia porque ninguno le hace caso. Los patos hacen cosas de patos, buceando sin mojarse. Cuándo podré yo salir a la calle sin que el aire me toque, se preguntaba la niña, con rabia.

martes, 3 de junio de 2014

en blanco

No sucede siempre. Hay veces que lo ves venir y viene. Otras no.
     Cuando viene volando como un pájaro invisible necesita de tu cuerpo, de tu fuerza bruta de persona enferma como todo ser viviente (¿viviente?). Lo agarras fuerte y quieres darle vida. Quieres dársela, de verdad, pero sólo lo arañas y lo sueltas. Eres amable porque no hay brusquedad en tus acciones. Nada sucede de improviso, cuando lo ves venir. Ves que viene, lo recibes a sabiendas de que no lo dejarás quedarse, te despides y el pájaro vuela. Te repites siempre que ojalá vuelva (¿y si no vuelve?), y te masturbas mente sexo blanca hoja. Que no vuelva, piensas, valiente. Y te masturbas mente sexo blanca hoja.